En nombre de la fidelidad: la mecánica de un poder absoluto
Hombres, cargos y leyes: 1936-1945, cronología de un poder que solo apretó en una dirección
Entre la sublevación de julio de 1936 y la salida de José Luis de Arrese en julio de 1945 existe una constante que los cambios de nombres y cargos ocultan mal: cada hombre que asciende lo hace en nombre de la fidelidad y cada texto que se promulga estrecha un poco más el poder alrededor de uno solo. Lo que parece una sucesión de reformas funciona como un mecanismo de trinquete. Puede cambiar de pieza, de vocabulario e incluso esconder lo que ayer exhibía con orgullo. Pero no retrocede.
Frente a la clasificación de Juan José Linz, que convirtió el franquismo en paradigma de régimen autoritario mediante conceptos como el «pluralismo limitado», mantengo aquí la calificación de dictadura totalitaria.1 No porque todos sus proyectos llegaran a realizarse por completo, sino porque la pregunta es otra: qué pretendía construir el régimen y qué aparato creó para conseguirlo. Ambos pueden leerse en sus propios textos.
1936: no se delega un mandato, se entrega el poder
El 29 de septiembre de 1936, la Junta de Defensa Nacional promulgó el Decreto n.º 138. Franco no fue denominado formalmente Jefe del Estado, sino «Jefe del Gobierno del Estado Español». La frase siguiente resolvía casi todo lo que la denominación dejaba aparentemente abierto: «quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado».2 El mismo decreto lo nombraba Generalísimo de las fuerzas nacionales y General Jefe de los Ejércitos de operaciones.
El 1 de octubre se celebró en Burgos la investidura. A partir de entonces, el lenguaje político y administrativo empezó a tratarlo como jefe del Estado. La diferencia terminológica importa, pero importa todavía más el contenido jurídico: no se le entregó una competencia delimitada. Se concentraron en él todos los poderes del Estado que los sublevados estaban construyendo.
La sutileza parece notarial. Valía un régimen. No se delegó un mandato. Se instituyó un hombre.
1937: Franco fabrica el partido desde arriba
El 19 de abril de 1937 llegó el Decreto de Unificación. Falange Española de las JONS y la Comunión Tradicionalista quedaron fundidas en Falange Española Tradicionalista y de las JONS, mientras las demás organizaciones políticas fueron disueltas.3 El propio decreto hablaba de la futura organización del «Nuevo Estado totalitario».
El partido único no nació, por tanto, como una fuerza independiente que conquistara después el Estado. Nació desde el poder y bajo el poder.
Los llamados sucesos de Salamanca ocurrieron en abril de 1937. Las luchas internas estallaron los días 16 y 17; Manuel Hedilla fue confirmado como jefe falangista el 18; Franco promulgó la Unificación el 19; Hedilla fue detenido el 25 y posteriormente condenado a muerte, pena que sería conmutada. La secuencia habla por sí sola: la fidelidad empezaba a convertirse en una condición de supervivencia política.
Fernández Cuesta: disciplinar el partido para servir al Jefe Nacional
A finales de 1937, Raimundo Fernández Cuesta asumió la Secretaría General de FET y de las JONS. Mercedes Peñalba Sotorrío ha mostrado que aquella Secretaría no estaba concebida como un contrapeso frente a Franco. Debía transmitir órdenes, vigilar servicios, controlar jerarquías y poner la información del partido a disposición del Jefe Nacional.4
Fernández Cuesta llegó a afirmar: «tenemos absoluta fe en el Caudillo que la dirige». Peñalba documenta además que prohibió interpretaciones doctrinales autónomas sobre determinadas materias porque la interpretación de la doctrina era «función privada del Jefe Nacional».
Incluso la doctrina tenía propietario. La información ascendía hacia Franco. La interpretación descendía desde él.
1938-1941: Serrano Suñer construye el armazón jurídico
Ramón Serrano Suñer ocupó una posición distinta. No fue secretario general de Falange. Fue ministro del Interior, después de Gobernación y de Asuntos Exteriores, y desde 1939 presidió la Junta Política de FET y de las JONS. Fue, sobre todo, uno de los principales arquitectos jurídicos del nuevo Estado.
La Ley de 30 de enero de 1938 sobre organización de la Administración Central del Estado, publicada el día 31, organizó el primer Gobierno regular franquista y reconoció al jefe del Estado la «suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general».5
El Fuero del Trabajo, aprobado el 9 de marzo y publicado el 10, tuvo una elaboración colectiva, con varios proyectos y corrientes. No conviene atribuírselo a un único redactor. Lo decisivo es el texto finalmente firmado por Franco, que definía al Estado como «instrumento totalitario al servicio de la integridad patria».6
Un mes después llegó la Ley de Prensa de 22 de abril de 1938, publicada el 23 y rectificada el 24. El Estado se atribuía la organización, vigilancia y control de la prensa e imponía la censura previa mientras no se dispusiera su supresión.7
Administración, trabajo, prensa, propaganda, partido. El poder no ocupaba solamente el Gobierno. Iba ocupando los mecanismos mediante los cuales una sociedad podía organizarse, trabajar, informarse y hablar.
1941: Serrano intenta llevar el modelo todavía más lejos
En 1941, Serrano impulsó un proyecto de Ley de Organización del Estado que pretendía profundizar aquella construcción e incluía unas futuras Cortes. El proyecto encontró oposición entre tradicionalistas, militares y otros sectores del bloque franquista, y Franco acabó frenándolo.
El episodio muestra que dentro del régimen existían luchas reales sobre la forma del Estado. Pero disputar la arquitectura no significaba discutir libremente la titularidad última del poder.
Se peleaban los planos. El propietario de la casa no estaba en discusión.
Mayo de 1941: el mando ejecutivo del partido cambia de manos
La crisis de mayo de 1941 alteró el equilibrio. El 19 de mayo Franco nombró a José Luis de Arrese secretario general de FET y de las JONS. Dos días después, una disposición delimitó las competencias de los mandos superiores del partido.8
Serrano, como presidente de la Junta Política, continuaba siendo la segunda jerarquía del Movimiento y conservaba la dirección y vigilancia de su orientación, así como la función deliberante y prelegislativa. Pero a la Secretaría General correspondían ahora:
«la función ejecutiva, el mando inmediato y la inspección de los Servicios y Organismos».
Serrano conservaba orientación e influencia. Arrese recibía ejecución, mando inmediato e inspección. Y los nombramientos se hacían «en nombre del Caudillo».
Serrano mantendría Asuntos Exteriores y un peso considerable hasta Begoña, en 1942. Su pérdida de influencia fue un proceso, no una caída instantánea.
1941-1945: Arrese burocratiza, depura y encuadra el partido
Con Arrese aparece una asimetría reveladora. Su acción no consistió principalmente en producir grandes leyes estatales. Organizó el partido como aparato y penetró desde él en las estructuras del Estado y de la sociedad.
- depuración total del partido, iniciada el 20 de noviembre de 1941 y concluida de hecho en 1945;
- reorganización de la Secretaría General en cuatro vicesecretarías, 28 de noviembre de 1941;
- Estatuto General de los funcionarios de FET y de las JONS, 19 de febrero de 1942;
- incorporación de prensa y propaganda a la Vicesecretaría de Educación Popular en 1942;
- creación y desarrollo de organismos destinados al encuadramiento económico y social;
- Consejo Económico Sindical, 1944.
Peñalba fecha la conclusión efectiva de la depuración en febrero de 1945 y resume el resultado con una fórmula difícil de mejorar: FET se había convertido en una organización «limpia, ordenada y entregada a Franco».9
La frase no es nuestra. Es el resultado de la investigación.
1942: Arrese y las Cortes del régimen
La intervención estatal más visible de Arrese fue el proyecto que desembocó en la Ley de creación de las Cortes Españolas de 17 de julio de 1942, publicada el 19 de julio.10 Peñalba lo identifica como «autor principal», apoyándose, entre otras fuentes, en las memorias posteriores del propio Arrese. Conviene conservar esa mediación documental.
El proyecto de Serrano de 1941 había fracasado. Al año siguiente aparecieron las Cortes franquistas. El hombre había cambiado. La necesidad de proporcionar al régimen una arquitectura pseudo-representativa permanecía.
La propia ley resultaba transparente: la suprema potestad de dictar normas generales seguía residiendo en la Jefatura del Estado. Las Cortes colaboraban en la función legislativa; no transformaban al pueblo en soberano.
1943-1945: negar el totalitarismo sin desmontar la máquina
A partir de 1943 comienza uno de los movimientos más sabrosos de esta historia. El mismo Arrese que dirigía un partido único sometido al Jefe Nacional, depurado, burocratizado y jerarquizado empezó a participar en la tarea de negar el carácter totalitario del régimen y reforzar la presentación católica y anticomunista del falangismo.
El proceso culminó editorialmente en 1945 con El Estado totalitario en el pensamiento de José Antonio.11 La obra se esforzaba precisamente por separar el pensamiento joseantoniano del Estado totalitario fascista.
La ironía histórica resulta difícil de mejorar. En 1937 el Decreto de Unificación hablaba del «Nuevo Estado totalitario». En 1938 el Fuero del Trabajo presentaba al Estado como «instrumento totalitario». En 1945, con Berlín destruido, el ministro secretario general explicaba que aquello no debía entenderse de esa manera.
La palabra se había vuelto inoportuna antes que las instituciones.
No fue una destotalización: cambió antes la fachada que la máquina
Por eso el término destotalización resulta engañoso si se entiende como desmontaje del aparato. Hubo cambios reales: disminución del peso de determinados sectores falangistas, transformación de símbolos y lenguaje, adaptación diplomática y una creciente exhibición de la identidad católica del régimen.
Pero el partido único no desapareció. Franco no abandonó su jefatura. El sindicalismo libre no reapareció. Las organizaciones políticas independientes siguieron prohibidas. La censura continuó y las Cortes siguieron siendo las Cortes creadas por el régimen.
El franquismo aprendió a describirse con palabras más convenientes mucho antes de abandonar sus estructuras.
Julio de 1945: cambiar la fachada para sobrevivir
La derrota del Eje convirtió aquel cambio de lenguaje en necesidad diplomática. El Fuero de los Españoles, de 17 de julio de 1945, proclamó derechos y deberes, pero los encerró dentro del propio orden franquista: su artículo 33 impedía que su ejercicio atentara contra la «unidad espiritual, nacional y social de España», y el artículo 35 permitía suspender varios de ellos mediante decreto-ley.12
No era una declaración de derechos contra el poder. Era una declaración de derechos administrados por el poder.
El 20 de julio, Alberto Martín-Artajo asumió Asuntos Exteriores. Arrese salió del Gobierno y de la Secretaría General, que quedó vacante hasta 1951. Su desaparición tenía un valor exterior evidente: reducir la visibilidad falangista sin desmontar el partido único.
Peñalba resume que Arrese salió «fiel a su Jefe Nacional». Joan Maria Thomàs escribe que Franco lo cesó «con cierto dolor».13
La precisión es deliciosa. Franco podía sentirlo. Pero lo cesó.
El hombre que había consolidado la Falange sometida a Franco terminaba prestando al jefe un último servicio: desaparecer de la fotografía.
Un partido sometido no limita a Franco: demuestra quién lo sometió
Fernández Cuesta disciplinó un partido cuya doctrina reconocía como intérprete último al Jefe Nacional. Serrano levantó buena parte del armazón jurídico e intentó llevar más lejos su modelo institucional. Arrese recibió el mando ejecutivo, depuró y burocratizó el partido, y acabó apartado cuando dejó de convenir a la nueva fachada internacional.
Los hombres cambian. La fidelidad decide quién permanece.
Aquí reaparece Linz. Que Falange no consiguiera absorber completamente al Estado y que distintas familias franquistas conservaran parcelas de influencia son hechos. Pero la conclusión no es obligatoria. Que Franco impidiera a Falange convertirse en un centro soberano de poder no demuestra necesariamente una limitación de Franco.
Puede demostrar exactamente lo contrario: que consiguió impedir que incluso su partido único se convirtiera en un poder frente a él.
La constante: cada reforma vuelve al mismo centro
1936: Franco recibe todos los poderes del nuevo Estado.
1937: el partido único nace bajo su jefatura y el decreto habla de «Nuevo Estado totalitario».
1938: la Administración central reconoce su potestad normativa suprema; el Fuero del Trabajo habla de «instrumento totalitario»; la prensa queda sometida al control estatal.
1941: la crisis redistribuye competencias entre Serrano y Arrese, pero los nombramientos siguen haciéndose «en nombre del Caudillo».
1941-1945: el partido es depurado, burocratizado y disciplinado.
1942: aparecen unas Cortes cuya existencia no despoja al jefe del Estado de la potestad normativa suprema.
1943-1945: cambia el discurso porque cambia la guerra mundial.
1945: sale Arrese, se refuerza la fachada católica y el partido único permanece.
Los hombres pasan.
Franco queda.
Conclusión: el trinquete, el maquillaje y el rostro
La fidelidad no fue un vínculo sentimental entre camaradas. Fue un mecanismo de selección del poder. Un trinquete. Podía cambiar el lenguaje, sustituirse un ministro, ocultarse una camisa azul bajo una chaqueta católica e incluso explicarse que el totalitarismo nunca había sido realmente aquello que los propios textos habían llamado totalitario.
Pero el trinquete tenía una particularidad: solo apretaba en una dirección.
Por eso la lectura de Linz puede describir determinados resultados del equilibrio interno del régimen y, sin embargo, perder una parte esencial de su dinámica. El pluralismo de las familias, la subordinación de Falange y la desfascistización posterior a 1943 no demuestran por sí mismos la moderación del proyecto. También pueden leerse como formas sucesivas mediante las cuales Franco conservó el poder superior sobre todos esos sectores.
Clasificar únicamente a partir del resultado final corre entonces un riesgo:
tomar el maquillaje por el rostro.
Si se vuelve al proyecto, a las leyes, al partido, a las depuraciones, a la prensa controlada, al sindicalismo único, a la potestad normativa y a la subordinación reiterada de los propios hombres del régimen, aparece otra imagen: la de un poder que aprendió a cambiar de apariencia porque ya había conseguido algo más importante, convertirse en el centro alrededor del cual todos podían discutir, competir, ascender o caer, siempre que ninguno pudiera sustituirlo.
De 1936 a 1945, hombres, decretos y leyes cambiaron.
La fidelidad tuvo siempre el mismo destinatario.
Francisco Franco.
Notas y fuentes
-
Juan José Linz, «An Authoritarian Regime: Spain», en Erik Allardt y Yrjö Littunen (eds.), Cleavages, Ideologies and Party Systems, Helsinki, 1964, pp. 291-341. Linz caracteriza los regímenes autoritarios, entre otros elementos, por un pluralismo político limitado y no responsable. ↩
-
Decreto n.º 138, 29 de septiembre de 1936, Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional, n.º 32, 30 de septiembre de 1936. El artículo primero nombra a Franco «Jefe del Gobierno del Estado Español» y establece que asumirá todos los poderes del nuevo Estado. Consultar el documento. ↩
-
Decreto de Unificación, 19 de abril de 1937, BOE n.º 182, 20 de abril de 1937, pp. 1033-1034. Fusión de FE de las JONS y Comunión Tradicionalista en FET y de las JONS y referencia a la «organización definitiva del Nuevo Estado totalitario». Consultar el BOE. ↩
-
Mercedes Peñalba Sotorrío, «La Secretaría General del Movimiento como pilar estructural del primer franquismo, 1937-1945», en Miguel Ángel Ruiz Carnicer (coord.), Falange. Las culturas políticas del fascismo en la España de Franco (1936-1975), Institución Fernando el Católico, 2013, pp. 408-423. Consultar el estudio. ↩
-
Ley de 30 de enero de 1938 organizando la Administración Central del Estado, BOE n.º 467, 31 de enero de 1938, pp. 5514-5515, BOE-A-1938-1406. Consultar el BOE. ↩
-
Fuero del Trabajo, Decreto de 9 de marzo de 1938, BOE n.º 505, 10 de marzo de 1938, pp. 6178-6181, BOE-A-1938-3093. Define al Estado como «instrumento totalitario al servicio de la integridad patria». Consultar el BOE. ↩
-
Ley de Prensa de 22 de abril de 1938, publicada en el BOE n.º 549, 23 de abril, y rectificada en el n.º 550, 24 de abril de 1938, pp. 6938-6940, BOE-A-1938-4796. Consultar el BOE. ↩
-
Disposición de 21 de mayo de 1941 delimitando las competencias de los mandos superiores de FET y de las JONS, BOE n.º 142, 22 de mayo de 1941. Reserva al presidente de la Junta Política la orientación y función deliberante y prelegislativa y entrega a la Secretaría General «la función ejecutiva, el mando inmediato y la inspección». Consultar el BOE. ↩
-
Sobre la depuración, reorganización y burocratización del partido bajo Arrese, véase Mercedes Peñalba Sotorrío, op. cit., especialmente el estudio de la Ordenanza de depuración de 20 de noviembre de 1941, la reorganización de 28 de noviembre y el Estatuto General de los funcionarios de FET y de las JONS de febrero de 1942. Consultar el estudio. ↩
-
Ley de 17 de julio de 1942 de creación de las Cortes Españolas, BOE n.º 200, 19 de julio de 1942, pp. 5301-5303, BOE-A-1942-6528. Peñalba identifica a Arrese como «autor principal», apoyándose entre otras fuentes en José Luis de Arrese, Una etapa constituyente, Planeta, 1982, p. 145. Consultar el BOE. ↩
-
José Luis de Arrese, El Estado totalitario en el pensamiento de José Antonio, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular, 1945. Sobre el giro discursivo y la desfascistización desde 1943, véanse Peñalba Sotorrío, op. cit., y Joan Maria Thomàs, Postguerra y Falange, Debate, 2024. ↩
-
Fuero de los Españoles, 17 de julio de 1945, publicado en el BOE n.º 199, 18 de julio. El artículo 33 limita el ejercicio de los derechos por la unidad espiritual, nacional y social de España; el artículo 35 permite suspender varios de ellos mediante decreto-ley. Consultar el BOE. ↩
-
Mercedes Peñalba Sotorrío, op. cit., sobre la salida de Arrese «fiel a su Jefe Nacional»; Joan Maria Thomàs, Postguerra y Falange. Arrese, ministro secretario general de FET y de las JONS (1941-1945), Barcelona, Debate, 2024, sobre su cese «con cierto dolor». ↩