Guernica: Picasso y la República española

Guernica
Investigación internacional sobre Guernica: la escena del crimen, paso a pasoo
Esta investigación no nació de ninguna acusación. Nació de una frase.
El 14 de abril de 1971, Pablo Picasso escribió de su puño y letra que Guernica y los estudios que lo acompañaban estaban «destinados al Gobierno de la República española».
Diez años después, el lienzo fue entregado al Gobierno de una monarquía y, posteriormente, instalado en Madrid.
Entre esos dos momentos, una palabra se había volatilizado: República.
De esa desaparición parte todo.
Pero para comprender lo que encierra esa palabra ausente hay que remontarse mucho más allá de los tribunales y los testamentos, hasta el origen mismo del nombre, hasta la ciudad que dio nombre al cuadro.
Hay que regresar a la primera escena del crimen.
Guernika, 26 de abril de 1937. Es lunes, día de mercado. El cielo del País Vasco está despejado, casi apacible, y las campanas marcan la tarde ordinaria de una pequeña villa de provincias. Entonces llega el zumbido de los motores, primero muy alto, después cada vez más bajo. Durante más de tres horas, los aviones regresan en oleadas sobre los tejados. Cuando finalmente se alejan, de la ciudad apenas quedan un incendio, un olor y un nombre que, desde ese momento, ya nunca volverá a designar exactamente el mismo lugar.
Ese nombre iba a pintarlo muy pronto un pintor. Y ese mismo nombre, cuarenta y cuatro años después, sería devuelto amputado de la República a la que había sido prometido.
La investigación puede comenzar.