Fernando Valera: el corresponsal olvidado
El hombre que presidía el Gobierno nombrado por Picasso
El 14 de abril de 1971, Pablo Picasso escribe que Guernica y los estudios que lo acompañan están «destinados al Gobierno de la República española». En esa fecha, ese Gobierno tiene un presidente del Consejo: Fernando Valera Aparicio. Acaba de asumir el cargo. El 28 de febrero de 1971, apenas seis semanas antes de la declaración de Picasso, Valera se convierte en presidente del Consejo de Ministros del Gobierno de la República española en el exilio. Conserva además la cartera de Asuntos Exteriores y permanecerá al frente del Ejecutivo hasta la extinción voluntaria de las instituciones republicanas en junio de 1977.1
Esta proximidad de fechas bastaría para justificar su entrada en nuestra investigación. Pero sabemos algo más importante: el fondo personal de Fernando Valera contiene documentación expresamente dedicada «al caso del Guernica de Picasso», y el inventario de Isabel Balsinde cita a Pablo Picasso entre las personalidades relacionadas documentalmente con Valera.2 La respuesta posterior de la Fundación Universitaria Española obliga, sin embargo, a precisar el alcance de esa mención: en el conjunto identificado no se conserva ninguna carta escrita por Picasso; sí existen cartas dirigidas a él. El personaje que casi todos los relatos sobre el regreso de Guernica olvidan estaba, por tanto, mucho más cerca del expediente de lo que se creía, pero la naturaleza exacta de esa relación documental debe establecerse pieza por pieza.
¿Quién era Fernando Valera?
Valera no es un presidente circunstancial aparecido al final del exilio. Su trayectoria acompaña prácticamente toda la historia institucional de la República fuera de España. Nacido en 1899 y diputado por Valencia durante la República, desempeña después de la guerra una sucesión extraordinaria de responsabilidades en el Gobierno republicano en el exilio: ministro de Hacienda desde 1947, ministro de Justicia, vicepresidente, ministro de Estado, ministro de Relaciones Internacionales, secretario del Consejo de Ministros, ministro de Asuntos Exteriores entre 1962 y 1971 y, finalmente, presidente del Consejo y ministro de Asuntos Exteriores entre 1971 y 1977.1 No representa, por tanto, una organización conmemorativa. Pertenece al núcleo que reivindica durante treinta años la continuidad institucional de la República. Cuando Picasso escribe «Gobierno de la República española», Fernando Valera es precisamente el hombre encargado de presidir ese Gobierno.
El fondo Fernando Valera
Después de la desaparición de las instituciones republicanas, una parte esencial de sus archivos quedó depositada en la Fundación Universitaria Española. El fondo personal de Fernando Valera es considerable: Isabel Balsinde lo describe como un conjunto de 75 legajos y 2.135 registros, principalmente correspondencia, pero también actas, acuerdos internacionales, informes, discursos, comunicados, recortes de prensa y fotografías.2 Cubre el periodo 1947-1977, exactamente los treinta años durante los cuales Valera ocupa responsabilidades gubernamentales. Y entre las materias representadas aparece una mención particularmente significativa: «el caso del Guernica de Picasso». No simplemente Picasso. No únicamente arte o cultura. El caso Guernica. La expresión es de los archiveros. Casi podría ser la de nuestra investigación.
Picasso aparece en el universo documental de Valera
Unas líneas más adelante, Balsinde enumera algunas de las principales personalidades relacionadas con la correspondencia de Valera: Josep Tarradellas, Juan Negrín, Victoria Kent, María Casares, Margarita Nelken, Léon Blum, Winston Churchill, Georges Pompidou, Pablo Casals, Federica Montseny, François Mauriac, Mário Soares y también Pablo Picasso.2 El inventario sugería inicialmente una correspondencia que nuestra investigación debía localizar. La respuesta más precisa de la FUE obliga ahora a afinar: no se ha identificado en este conjunto ninguna carta de Picasso a Valera; sí existen cartas dirigidas a Picasso y documentación sobre Guernica.
La diferencia importa. No podemos reconstruir un diálogo inexistente en las piezas conservadas. En cambio, podemos preguntar algo beaucoup plus précis: ¿qué escribían Valera, su entorno y otros responsables republicanos a Picasso, y qué relación tenían esas cartas con la situación jurídica de Guernica?
Lo que el inventario demuestra, y lo que todavía no demuestra
Hay que separar inmediatamente lo que sabemos de lo que todavía queremos saber. El fondo contiene documentación relativa al «caso Guernica» y conserva cartas dirigidas a Picasso desde el entorno republicano. No permite afirmar todavía que Picasso enviara directamente a Valera copia de su declaración del 14 de abril, que Valera recibiera una respuesta del pintor, que el Consejo de Ministros republicano adoptara una decisión a consecuencia de esa declaración o que todas las piezas relacionadas con Picasso se refieran al cuadro.
Estas distinciones son esenciales. Una investigación pierde valor en el momento en que transforma el descubrimiento de un expediente en el descubrimiento de su contenido. Hemos encontrado la caja. Todavía no hemos abierto todos los sobres.
La coincidencia ya no puede tratarse como un detalle
Reunamos simplemente los elementos: 28 de febrero de 1971: Fernando Valera se convierte en presidente del Consejo. 14 de abril de 1971: Picasso escribe que Guernica está destinado al Gobierno de la República española. Fondo Valera: existe documentación sobre el «caso del Guernica» y cartas republicanas dirigidas a Picasso. Además, la FUE ha identificado correspondencia de Valera sobre la situación jurídica de la obra fechada en mayo-junio de 1971, apenas unas semanas después de la declaración de Picasso.
Esto no constituye todavía la prueba de que Picasso redactara su declaración para Valera ni de que Valera conociera inmediatamente el texto. Pero hace históricamente imprudente seguir tratando al presidente del Gobierno republicano como un desconocido dentro del expediente. La posibilidad de una recepción institucional de la declaración de Picasso ya tiene una pista archivística precisa.
Valera conocía Guernica
Otro documento confirma que el cuadro no estaba en absoluto ausente de su universo político. En noviembre de 1972, la Presidencia del Consejo de Ministros de la República española publica un texto titulado Los mal llamados años de la Segunda República, con prólogo de Fernando Valera. Al responder a la propaganda franquista sobre diversos episodios, entre ellos la conquista del País Vasco, Valera afirma que los métodos empleados por Hitler, Mussolini y Franco dejaron una memoria permanente en «el cuadro GUERNICA de Pablo Picasso». Para Valera, Guernica no es, por tanto, una obra ajena a las preocupaciones de su Gobierno. Es una prueba política e histórica del crimen de guerra y de la intervención fascista contra la República.
Guernica entra en el vocabulario oficial del Gobierno republicano
El texto de 1972 no es una conversación privada. Emana de la Presidencia del Consejo republicano. Un año después de la declaración de Picasso, Guernica entra directamente en el vocabulario político oficial del Gobierno que el pintor había designado. Todavía no sabemos si ambos hechos están unidos por una correspondencia precisa. Pero su coexistencia debe quedar registrada: Picasso designa al Gobierno. El presidente de ese Gobierno cita Guernica como memoria del crimen franquista. Y los archivos de ese mismo presidente contienen un expediente sobre la situación jurídica del cuadro. La trama documental se estrecha.
En 1969 la destinación republicana ya circulaba públicamente
Valera tampoco necesitaba esperar a abril de 1971 para saber que la República aparecía en la voluntad de Picasso. En diciembre de 1969, Ibérica por la libertad, revista dirigida por Victoria Kent, publica la declaración transmitida por Roland Dumas en nombre del pintor: «esta obra deberá ser devuelta al Gobierno de la República Española el día en que la República sea restaurada en España», añadiendo que «Picasso no ha cambiado de intenciones». La revista pertenece plenamente al mundo político e intelectual del exilio y Valera es entonces ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno republicano.3
Sería imprudente afirmar sin prueba que Valera leyó necesariamente aquel número. Pero resulta difícil seguir considerando la posición de Picasso como un secreto encerrado entre Mougins y Nueva York. Circulaba públicamente en los medios republicanos desde 1969.
La pregunta cambia de lugar
Al comienzo preguntábamos: ¿qué quería decir Picasso cuando escribió «Gobierno de la República española»? Después establecimos que ese Gobierno existía. La pregunta pasó entonces a ser: ¿Picasso conocía realmente ese mundo institucional? Sabemos que desde 1936 había trabajado con la República y con varios de sus responsables. Ahora las nuevas referencias del fondo Valera abren una tercera pregunta, mucho más precisa:
¿Sabía el presidente del Gobierno republicano que Picasso había designado a su Gobierno como destinatario de Guernica?
Esta es la cuestión central. Porque si la respuesta es afirmativa, una parte importante del relato posterior deberá ser reconsiderada.
Si Valera lo sabía, ¿por qué no reivindicó públicamente la obra?
Supongamos provisionalmente que las futuras piezas demuestran que Valera conocía la declaración del 14 de abril. Surge inmediatamente otra pregunta: ¿por qué no encontramos una reivindicación pública masiva del Gobierno de la República? Sería fácil interpretar ese silencio como una renuncia. Sería prematuro. El Gobierno podía considerar que las condiciones políticas impuestas por Picasso todavía no se habían cumplido, juzgar inútil reclamar materialmente una obra destinada a permanecer en el MoMA mientras Franco gobernase, preferir una acción diplomática discreta, contemplar México como lugar provisional de depósito o simplemente no disponer de la declaración exacta.
No lo sabemos. Cada hipótesis debe esperar su documento.
La pista mexicana
Esta prudencia resulta todavía más necesaria porque los archivos y la prensa del exilio documentan proyectos destinados a trasladar Guernica de Nueva York a México. La razón política resulta evidente: México continuaba reconociendo al Gobierno de la República española. El proyecto ofrecía así una posible solución material al problema planteado por la declaración de Picasso: un Gobierno sin territorio español, pero reconocido por un Estado soberano capaz de acoger la obra.
Instalar Guernica en México habría permitido acercar materialmente el cuadro al espacio diplomático donde su destinatario político conservaba reconocimiento internacional. Pero todavía debemos establecer qué iniciativas correspondieron directamente al Gobierno Valera, cuáles procedieron de la comunidad republicana mexicana y qué papel desempeñaron Picasso y el MoMA. Los archivos pueden responder.
1973: después de la muerte de Picasso
Cuando Picasso muere el 8 de abril de 1973, el equilibrio del expediente cambia. Ya no puede precisar sus instrucciones. Desde entonces aumenta considerablemente el valor de cualquier correspondencia contemporánea: una nota del Consejo de Ministros, una carta a Jacqueline Picasso, un intercambio con Roland Dumas, una gestión mexicana o una comunicación con el MoMA. Cualquier documento anterior o inmediatamente posterior a la muerte del pintor podría indicarnos qué comprendían los actores antes de que la Transición reformulara el problema.
Precisamente las nuevas referencias archivísticas prolongan el expediente después de su muerte: una carta mexicana de noviembre de 1973 y correspondencia con el Museum of Modern Art en enero-febrero de 1974 se relacionan con la situación jurídica de Guernica. El supuesto silencio del Gobierno republicano empieza, por tanto, a parecer menos seguro de lo que creíamos.
El silencio documental no es todavía silencio político
Aquí existe una trampa metodológica. Como todavía no hemos localizado una gran declaración pública de Valera sobre el destino de Guernica, podríamos escribir: Valera no hizo nada. Eso sería confundir lo que todavía no hemos encontrado con lo que no existe. Sabemos ahora que su fondo contiene documentación sobre el caso y correspondencia relativa a la situación jurídica del cuadro. Debe escribirse, por tanto, exactamente lo contrario: el aparente silencio público debe confrontarse con los archivos privados y gubernamentales. La propia ausencia no puede interpretarse antes de abrir el expediente.
1977: desaparece el destinatario nombrado por Picasso
Fernando Valera permanece como presidente del Consejo hasta junio de 1977. Después de las elecciones generales del 15 de junio, las instituciones republicanas en el exilio deciden poner voluntariamente fin a su misión histórica. Valera y José Maldonado firman la declaración final el 21 de junio de 1977, constatando que el sufragio ha abierto la posibilidad de una nueva legalidad democrática.5
Esto crea para Guernica una dificultad completamente nueva. Hasta el 21 de junio, el destinatario nombrado por Picasso continúa existiendo. Después, ya no existe como Gobierno en ejercicio. Surge entonces una pregunta decisiva: ¿Fernando Valera dejó alguna instrucción, renuncia, transmisión o reivindicación relativa al cuadro que Picasso había destinado a su Gobierno? Hasta ahora no hemos localizado ningún acto de esa naturaleza.
Las instituciones desaparecen; sus archivos son transmitidos
Cuando Maldonado y Valera ponen fin a las instituciones republicanas no consideran que todo lo que pertenece a ellas deba desaparecer. Los archivos del Gobierno de la República son preservados. La Fundación Universitaria Española señala que el fondo procedente de París le fue confiado después de la desaparición de las instituciones mediante un acuerdo destinado precisamente a conservar aquella documentación.6 Existe, por tanto, una voluntad consciente de transmisión del patrimonio documental republicano. Y eso conduce inevitablemente a otra pregunta: si Guernica era considerado un derecho, un destino o una responsabilidad institucional del Gobierno, ¿qué ocurrió con ese derecho o responsabilidad en el momento de la liquidación?
Fernando Valera, posible eslabón perdido
Los protagonistas tradicionales del relato de Guernica son conocidos: Picasso, Jacqueline, Roland Dumas, el MoMA, Javier Tusell, el Prado, el Gobierno vasco y los herederos. Pero entre Picasso y Dumas existe quizá un actor institucional que el relato ha eliminado casi completamente: Fernando Valera. Representa exactamente aquello que Picasso escribió: el Gobierno de la República española.
Si conocía la declaración de 1971, era el presidente del destinatario institucional vivo de esa voluntad. Si no la conocía, hay que comprender por qué. Si su Gobierno reaccionó, debemos encontrar la reacción. Si renunció, hay que encontrar la renuncia. Si transmitió algún derecho, hay que encontrar el acto de transmisión. Y si no hizo nada, habrá que establecerlo después de examinar sus archivos.
La solicitud documental ya está en marcha
Precisamente por esta razón se dirigió una solicitud documental a la Fundación Universitaria Española. La respuesta ha permitido abandonar una hipótesis demasiado amplia y sustituirla por referencias concretas: cartas dirigidas a Picasso, el expediente sobre el «caso del Guernica de Picasso», correspondencia de 1969 y de mayo-junio de 1971, documentos mexicanos posteriores a la muerte del pintor y correspondencia con el Museum of Modern Art en 1974.
La investigación llega así a una situación poco habitual. El capítulo debe permanecer momentáneamente abierto, no porque falten fuentes, sino porque ahora sabemos exactamente qué fuentes faltan y dónde buscarlas.
Sexto balance de la investigación
HECHO ESTABLECIDO: Fernando Valera se convierte en presidente del Consejo de Ministros del Gobierno de la República española en el exilio el 28 de febrero de 1971 y permanece en el cargo hasta junio de 1977. HECHO ESTABLECIDO: seis semanas después, Picasso escribe que Guernica y sus estudios están destinados al Gobierno de la República española. HECHO ESTABLECIDO: el fondo Fernando Valera contiene 75 legajos y 2.135 registros y documentación expresamente dedicada al «caso del Guernica de Picasso».
RECTIFICACIÓN DOCUMENTAL: la respuesta de la Fundación Universitaria Española no permite afirmar la existencia de un intercambio epistolar bilateral Picasso-Valera conservado en este conjunto. No se ha identificado ninguna carta de Picasso; existen, en cambio, cartas dirigidas a él y correspondencia republicana relativa a la situación jurídica del cuadro. HECHO ESTABLECIDO: Valera utiliza personalmente Guernica dentro de su argumentación política republicana a comienzos de los años setenta y, desde 1969, el destino republicano de la obra circula públicamente en los medios del exilio.
POR ESTABLECER: si Valera recibió o conoció la declaración del 14 de abril de 1971; qué contienen exactamente las piezas de mayo-junio de 1971; si el expediente incluye alguna decisión del Gobierno republicano sobre la obra; qué dicen las correspondencias mexicanas y con el MoMA de 1973-1974; y si antes del 21 de junio de 1977 el Gobierno de la República transmitió, abandonó o reivindicó el destino que Picasso le había atribuido.
Es aquí donde la expresión «corresponsal olvidado» adquiere todo su sentido, aunque debamos désormais l’entendre avec précision. Valera quizá no sea un personaje olvidado porque no hiciera nada. Puede serlo porque la historia del regreso de Guernica se ha contado principalmente a partir de quienes actuaron después de la desaparición de su Gobierno.
El cuadro llega a España en 1981. Valera muere ese mismo año en París. Entre Picasso y Madrid permanece, sin embargo, una puerta que casi nadie ha abierto:
los archivos del hombre que presidía el Gobierno al que Picasso había destinado Guernica.
Acabamos de pedir la llave.
Notas y fuentes
- Isabel Balsinde, «El Archivo de la II República Española en el Exilio», Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica, Fundación Universitaria Española. Fernando Valera fue ministro de Asuntos Exteriores entre 1962 y 1971 y presidente del Consejo de Ministros y ministro de Asuntos Exteriores entre 1971 y 1977. ↩
- Ibid. El fondo documental Fernando Valera comprende 75 legajos y 2.135 registros correspondientes al periodo 1947-1977 y menciona expresamente entre sus materias «el caso del Guernica de Picasso». La respuesta posterior de la Fundación Universitaria Española precisa que, en el conjunto identificado, no se conserva ninguna carta de Picasso, aunque sí existen cartas dirigidas a él y documentación relacionada con la situación jurídica de la obra. ↩
- Ibérica por la libertad, vol. 17, n.º 12, 15 de diciembre de 1969. Roland Dumas reitera, en nombre de Picasso, que la obra debe ser entregada al Gobierno de la República española cuando la República sea restaurada y precisa que Picasso no ha modificado sus intenciones. ↩
- Sobre los proyectos de traslado de Guernica a México, véanse la prensa del exilio y las referencias archivísticas conservadas en la Fundación Universitaria Española. La relación directa de cada iniciativa con el Gobierno Valera continúa pendiente de demostración documental. ↩
- Sobre la declaración de 21 de junio de 1977, véanse los estudios relativos a la República española en el exilio. José Maldonado y Fernando Valera pusieron fin a la misión de las instituciones después de las elecciones generales, manteniendo su concepción republicana de la soberanía. ↩
- Fundación Universitaria Española, Archivo de la II República Española en el Exilio. La institución señala que el fondo del Gobierno republicano procedente de París le fue confiado después de la extinción de las instituciones y constituye actualmente uno de sus principales fondos especiales. ↩