La República española después de 1939
¿Gobierno fantasma o gobierno sin territorio?
El 1 de abril de 1939, la República española perdió la guerra. No se declaró disuelta.
La distinción es esencial. La victoria militar de Franco le dio el control del territorio. Los reconocimientos diplomáticos que siguieron le permitieron representar a España ante la mayoría de los Estados. Ni una ni otros hicieron desaparecer, de la noche a la mañana, las instituciones republicanas.
Una parte de ellas continuó su actividad fuera del territorio nacional. La República entró en una situación singular: privada de territorio, de administración interior y de fuerza pública efectiva, conservó, sin embargo, una presidencia, un gobierno, representantes diplomáticos y, después de su reorganización de 1945, una administración ministerial documentada por sus propios archivos.
Calificarla de simple «gobierno fantasma» equivale a borrar una realidad institucional que duró hasta 1977.
1939: perder el territorio no significa disolverse
A comienzos de 1939, la República disponía todavía del Gobierno surgido del orden constitucional anterior a la sublevación militar de julio de 1936, organizado por la Constitución de 9 de diciembre de 1931.1 La caída de Cataluña, el exilio de las autoridades y la victoria de las fuerzas de Franco alteraron radicalmente su situación material y diplomática.
Las grandes potencias occidentales transfirieron su reconocimiento al Gobierno de Franco. Francia y el Reino Unido lo hicieron el 27 de febrero de 1939; Estados Unidos, el 1 de abril.2 Washington todavía recordaría en 1950 que ese reconocimiento no había conocido interrupción desde aquella fecha.
Ese reconocimiento no tenía poder para convertir retroactivamente en legal la sublevación de 1936. Constaba una nueva realidad internacional: Franco poseía el poder efectivo y los Estados extranjeros decidían tratar con él como representante de España.
Las instituciones republicanas se trasladaron a Francia y funcionaron inicialmente allí en el exilio. El armisticio franco-alemán de junio de 1940 y la ocupación de una parte del territorio francés desorganizaron profundamente su actividad. La continuidad republicana fue entonces más jurídica y política que administrativa.
Esta interrupción material debe reconocerse. Hace todavía más notable la reconstrucción institucional posterior.
1945: reconstruir las instituciones
La derrota de la Alemania nazi y de la Italia fascista hizo nacer entre los exiliados la esperanza de que Franco, llevado al poder con la asistencia militar de ambas, no sobreviviría al hundimiento del Eje.
Las Cortes republicanas ya se habían reunido por primera vez en el exilio el 10 de enero de 1945, en el Club Francés de México. Setenta y dos diputados ocuparon sus escaños, de los doscientos cinco que todavía vivían fuera de España, y los partidarios de Indalecio Prieto cuestionaron inmediatamente el quórum.3 La continuidad no fue, por tanto, un camino sin sobresaltos: se reconstruyó dentro de la división, como toda cosa política.
La sesión decisiva tuvo lugar el 17 de agosto de 1945. Ese día, el Gobierno mexicano concedió extraterritorialidad al Salón de Cabildos del Ayuntamiento de México para que la sesión pudiera celebrarse con regularidad jurídica. Estuvieron presentes noventa y seis diputados supervivientes de las Cortes de 1936; otros cincuenta y siete se encontraban impedidos únicamente por dificultades materiales de transporte, especialmente quienes el exilio había dispersado hasta Europa y Filipinas.4 Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes, juró su cargo como presidente interino de la República. Ese mismo día, Juan Negrín, último jefe del Gobierno durante la guerra, presentó su dimisión: la legalidad anterior se retiraba en el mismo instante en que las instituciones la reactivaban.
José Giral formó el nuevo Gobierno el 21 de agosto y lo presentó ante las Cortes el 7 de noviembre.5 El 28 de agosto, su ministro de Estado, Fernando de los Ríos, comunicó a su homólogo mexicano Manuel J. Tello la composición del gabinete: México fue el primer Estado que reconoció a ese Gobierno como Gobierno de España.6
Otros siguieron: Panamá, Venezuela, Guatemala, Polonia, Yugoslavia, Rumanía, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria y Albania. Once Estados en total otorgaron su reconocimiento.7 La República, por su parte, no se limitaba a reivindicar una legitimidad que se hubiera concedido a sí misma: afirmaba ser «el único Gobierno legítimo de España» y, durante un tiempo, Estados soberanos aceptaron jurídicamente esa pretensión.8 La diferencia es considerable.
Un Gobierno, unas Cortes, unos ministerios
Los archivos impiden reducir esta continuidad a una ficción.
El Fondo de París del Archivo de la II República Española en el Exilio, conservado por la Fundación Universitaria Española, posee una clasificación administrativa que reproduce las instituciones productoras de los documentos.9 Su primera sección, «Gobierno y Administración», distingue, entre otras:
- la Presidencia de la República;
- las Cortes;
- la Presidencia del Consejo de Ministros;
- el Ministerio de Estado;
- el Ministerio de Justicia;
- el Ministerio de Hacienda;
- el Ministerio de Gobernación;
- el Ministerio de Defensa Nacional;
- el Ministerio de Emigración;
- el Ministerio de Instrucción Pública;
- el Ministerio de Información;
- el Ministerio de Economía Nacional;
- el Ministerio de Navegación, Industria y Comercio;
- el Ministerio de Obras Públicas;
- el Ministerio de Agricultura.
Esta clasificación no fue reconstruida a posteriori: corresponde a fondos efectivamente producidos por el Gobierno. A ellos se añaden las relaciones con las Naciones Unidas, la UNESCO, el Consejo de Europa y el Movimiento Europeo.
Desde el 8 de febrero de 1946, la sede principal del Gobierno abandonó México y se instaló en París, donde permaneció hasta su desaparición en 1977. Un Gobierno sin territorio, ciertamente, pero dotado de órganos, titulares de funciones, correspondencia administrativa, archivos, presupuestos, representaciones y política exterior.
Una diplomacia sin territorio
La diplomacia fue uno de los atributos más notables de aquella República desplazada.
México no se limitó a una declaración simbólica. Después de reconocer al Gobierno, le entregó los activos de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles, hasta entonces sometidos a control mexicano. El reconocimiento tenía consecuencias materiales.
Hubo representantes que continuaron ejerciendo funciones diplomáticas. Los archivos de Salvador Etcheverría Brañas documentan sus cargos como encargado de negocios, secretario de embajada, ministro plenipotenciario y, desde 1953, director de los servicios consulares, con correspondencia relativa a Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Uruguay y Yugoslavia.10 Aquella diplomacia no tenía ni la amplitud ni el reconocimiento universal de la de Madrid. Existía.
Los pasaportes de la República
A veces basta un objeto para hacer visible una institución.
El 6 de junio de 1946, en México, la República expidió a Jordi Tell un pasaporte diplomático, reproducido hoy en un estudio universitario de 2025.11 Tell fue después delegado oficioso en Noruega. Su pasaporte contiene visados y sellos extranjeros, viajó por varios países europeos e informó de sus actividades al Gobierno en el exilio. En 1948 fue designado delegado ante la Asamblea de las Naciones Unidas reunida en París.
El pasaporte no demuestra que todos los Estados consideraran a la República como Gobierno de España. Reconocer un documento de viaje y reconocer un Gobierno son dos actos distintos. Pero su utilización demuestra lo esencial: la República seguía produciendo actos administrativos y diplomáticos capaces de producir efectos prácticos en el extranjero. No era únicamente una memoria.
La ONU: condenar a Franco sin reconocer a la República
La escena internacional revela, sin embargo, toda la debilidad del Gobierno en el exilio.
El 12 de diciembre de 1946, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 39 (I). Recomendaba excluir a la España de Franco de los organismos vinculados a la ONU, invitaba a los Estados miembros a retirar de Madrid a sus embajadores y contemplaba nuevas medidas si no se establecía un Gobierno basado en el consentimiento del pueblo español.12
Pero la ONU no reconoció por ello al Gobierno en el exilio como Gobierno de España.
El punto es capital. Era posible condenar a Franco, recordar sus orígenes fascistas, aislarlo diplomáticamente y, al mismo tiempo, negarse a transferir a la República la representación internacional de España.
Estados Unidos había comunicado además al Gobierno Giral una negativa cuya lógica merece detenerse: no lo reconocerían, explicaron, porque solo representaba a uno de los dos bandos de la Guerra Civil.13 El argumento era impecable, con una pequeña reserva: representar a un solo bando descalificaba al vencido y jamás había molestado a nadie cuando se trataba del vencedor. El criterio no era la legitimidad. Era la victoria.
Del aislamiento de Franco a su normalización
La Guerra Fría invirtió la relación de fuerzas.
El 4 de noviembre de 1950, la Asamblea General adoptó la Resolución 386 (V), que revocaba las recomendaciones de 1946 sobre la retirada de embajadores y la exclusión de España. El texto tenía el cuidado de precisar que establecer relaciones diplomáticas con un Gobierno no implicaba juicio alguno sobre su política interior.14
La fórmula era jurídicamente prudente. Fue, sobre todo, de una comodidad moral inapreciable: permitió a las democracias estrechar la mano de una dictadura después de haber advertido previamente que el apretón de manos no significaba nada. A partir de entonces se podía celebrar la soberanía popular el lunes y normalizar el martes a un régimen que se había definido a sí mismo, en su texto fundador de 1938, como «instrumento totalitario».15
España fue admitida en las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1955.16 A medida que Franco volvía al concierto internacional, la República en el exilio perdía apoyos. De los once Estados que la habían reconocido, solo dos mantuvieron ese reconocimiento hasta el final del régimen: México y Yugoslavia.17 La República no desaparecía. Su espacio internacional se estrechaba exactamente en la misma medida en que Franco volvía a resultar útil.
Reconocer a Franco no borraba 1936
Hay que descartar una confusión frecuente.
El reconocimiento del Gobierno de Franco por Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y otros Estados no significaba que aquellos países declarasen legal la sublevación del 18 de julio de 1936. Reconocían a un poder que se había vuelto efectivo.
Por eso la República en el exilio podía sostener la tesis contraria: había cambiado el poder territorial, no el origen constitucional del poder. Durante décadas coexistieron dos realidades. Madrid poseía la efectividad territorial y un reconocimiento cada vez más amplio; la República reivindicaba la continuidad de la legalidad de 1931 y conservaba, durante determinados periodos, reconocimiento exterior. La victoria militar había resuelto la cuestión del poder. No había resuelto la de su origen.
Y conviene señalar, sin que el hecho pareciera perturbar jamás a las cancillerías, que ese traslado de representación no fue sometido en ningún momento a consulta alguna. El pueblo español no podía ser consultado: le habían quitado el sufragio. Tampoco lo fueron los pueblos de las democracias que reconocían a Franco. Ministerios de Asuntos Exteriores dispusieron, mediante notas y usos diplomáticos, de la representación de una nación, en nombre de principios democráticos que ningún sufragio vino jamás a respaldar. La soberanía popular, dogma fundador que aquellos Estados invocaban gustosamente dentro de sus fronteras, se detenía limpiamente ante la puerta del expediente español.
1975: Franco muere, la República permanece
La cronología reserva una última sorpresa.
Franco murió el 20 de noviembre de 1975. El Gobierno en el exilio no se disolvió. José Maldonado continuó siendo presidente de la República; Fernando Valera, presidente del Consejo de Ministros. Las instituciones siguieron considerando que la desaparición física del dictador no bastaba, por sí sola, para restablecer una representación democrática de la soberanía española. México mantuvo sus relaciones con ellas.
No fue hasta el 18 de marzo de 1977 cuando México les puso oficialmente fin. Diez días después, el 28 de marzo, establecía relaciones con el Gobierno de Adolfo Suárez.18 El traslado puede observarse aquí casi materialmente: un reconocimiento termina, otro comienza.
15 de junio de 1977: vuelve el sufragio
El final de esta historia no es, por tanto, ni 1939 ni 1975. Es 1977.
El 15 de junio se celebraron en España las primeras elecciones legislativas pluralistas desde febrero de 1936. Seis días después, el 21 de junio, Maldonado y Valera publicaron en París la última declaración de la Presidencia y del Gobierno de la República en el exilio.19 Las instituciones republicanas ponían fin a la misión que se habían impuesto. No renunciaban a su ideal; constataban que se abría una nueva etapa con el regreso del sufragio.
La forma de ese final importa. Franco no había disuelto la República en el exilio. Ella misma puso fin a sus instituciones, treinta y ocho años después de perder el territorio.
¿Gobierno fantasma?
La expresión resiste mal ante los archivos.
Un fantasma no posee Presidencia, Consejo de Ministros, Ministerio de Justicia ni Ministerio de Defensa Nacional. No abre servicios consulares. No expide pasaportes. No mantiene correspondencia con Gobiernos. No es reconocido como único Gobierno legítimo por once Estados. No deja tras de sí cerca de 750 metros lineales de archivos administrativos, 834 legajos y 5.767 registros hoy inventariados y consultables.20
Pero la expresión «Estado sin territorio» exige también una precaución. En sentido estricto del derecho internacional, la República en el exilio no constituía un Estado nuevo, distinto de España. El Estado reivindicado era el propio Estado español. Dos poderes disputaban su continuidad: uno controlaba el territorio; el otro invocaba la legalidad constitucional y conservaba, durante determinados periodos, reconocimiento exterior.21
La fórmula exacta sería, por tanto: un Gobierno del Estado español privado de territorio y progresivamente privado de reconocimiento internacional. Es menos espectacular que «Gobierno fantasma». Es históricamente mucho más incómodo.
Porque obliga a desplazar la pregunta. Ya no solamente: ¿cómo conservó Franco el poder durante cerca de cuarenta años? Sino también: ¿cómo llegaron los Estados que habían reconocido a la República constitucional a confiar al régimen nacido de su derrocamiento militar el derecho práctico de representar a España, y a hacerlo sin consultar jamás a nadie?
La República española no desapareció el día de su derrota. Desapareció el día en que consideró que el sufragio de los españoles podía volver a hablar en su lugar.
Notas y referencias
- La Constitución de la República española de 9 de diciembre de 1931 continuó siendo el fundamento jurídico invocado por las instituciones del exilio hasta 1977. Consultar la Constitución de 1931 — Congreso de los Diputados. ↩
- Reconocimiento del Gobierno de Franco por Francia y Reino Unido el 27 de febrero de 1939 y por Estados Unidos el 1 de abril de 1939. En 1950, el Departamento de Estado recordaba oficialmente que Estados Unidos había reconocido al Gobierno franquista el 1 de abril de 1939 y mantenido desde entonces relaciones diplomáticas ininterrumpidas. Foreign Relations of the United States, 1950 — Office of the Historian. ↩
- Primera reunión de las Cortes en el exilio, Club Francés de México, 10 de enero de 1945: 72 diputados presentes de los 205 que vivían fuera de España. Los partidarios de Prieto impugnaron el quórum. Julián Chaves Palacios, «La restauración de las instituciones republicanas españolas en México». Véase también: «Acción en el destierro» — Biblioteca Jurídica Digital del BOE. ↩
- Sesión de las Cortes del 17 de agosto de 1945, Salón de Cabildos del Ayuntamiento de México, celebrada bajo la extraterritorialidad concedida por el Gobierno mexicano: 96 diputados presentes y 57 impedidos por razones materiales de transporte. Juan Negrín presentó su dimisión aquel mismo día. Julián Chaves Palacios, «Dirigentes políticos republicanos en el exilio», Historia Contemporánea. Véase también: «Restauración de las instituciones republicanas españolas» — CEPC. ↩
- José Giral formó el nuevo Gobierno el 21 de agosto de 1945 y lo presentó ante las Cortes el 7 de noviembre de 1945. Estudio de Julián Chaves Palacios sobre la restauración institucional en México. ↩
- El 28 de agosto de 1945, Fernando de los Ríos comunicó al Gobierno mexicano la composición del gabinete Giral; México fue el primer Estado que reconoció oficialmente a ese Gobierno. «Los reconocimientos diplomáticos del Gobierno de la República Española en el exilio» — Dialnet. ↩
- Los once Estados que reconocieron al Gobierno republicano en el exilio fueron: México, Panamá, Venezuela, Guatemala, Polonia, Yugoslavia, Rumanía, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria y Albania. Estudio sobre los reconocimientos diplomáticos — Dialnet. ↩
- El objetivo declarado del Gobierno Giral consistía en obtener reconocimiento internacional como «único Gobierno legítimo de España». La fórmula corresponde a la reivindicación republicana, no a la redacción idéntica de once actos de reconocimiento distintos. «Los reconocimientos diplomáticos del Gobierno de la República Española en el exilio». ↩
- Archivo del Gobierno de la II República Española en el Exilio, Fondo de París, Fundación Universitaria Española. Clasificación establecida inicialmente por Alicia Alted Vigil en El archivo de la II República española en el exilio, 1945-1977: inventario del Fondo de París. Fundación Universitaria Española — Fondo de París. Véase también: Censo-Guía de Archivos de España e Iberoamérica. ↩
- Fondo Salvador Etcheverría Brañas, sección «Cargos institucionales» del Archivo de la II República Española en el Exilio, Fundación Universitaria Española. Isabel Balsinde, «El Archivo de la II República Española en el Exilio» — FUE. ↩
- Gemma Domènech Casadevall, «Un exilio y dos finales. Emili Blanch y Jordi Tell, retorno y permanencia», Cuadernos de Historia Contemporánea, vol. 47, n.º 2, 2025, pp. 327-348. El estudio reproduce, entre otros documentos, el pasaporte diplomático expedido a Jordi Tell el 6 de junio de 1946. Artículo — Universidad Complutense de Madrid. ↩
- Naciones Unidas, Asamblea General, Resolución 39 (I), «Relations of Members of the United Nations with Spain», adoptada el 12 de diciembre de 1946. Resolución 39 (I) — Biblioteca Digital de las Naciones Unidas. ↩
- El Gobierno Truman comunicó al Gobierno Giral que no lo reconocería. Los intercambios relativos a la posición estadounidense respecto al régimen franquista y la oposición española se encuentran reunidos en los documentos 495 a 521 del volumen de 1945 de Foreign Relations of the United States. Foreign Relations of the United States, 1945, vol. V — sección España. ↩
- Naciones Unidas, Asamblea General, Resolución 386 (V), 4 de noviembre de 1950, por la que se revocan las recomendaciones relativas a la retirada de embajadores y a la exclusión de España de las instituciones especializadas. Resolución 386 (V) y debates — Naciones Unidas. ↩
- Fuero del Trabajo, de 9 de marzo de 1938, publicado en el BOE de 10 de marzo de 1938, n.º 505, pp. 6178-6181. El texto definía al Estado como un «instrumento totalitario al servicio de la integridad patria». Fuero del Trabajo — BOE. ↩
- Admisión de España en la Organización de las Naciones Unidas el 14 de diciembre de 1955. Resolución 995 (X) de la Asamblea General — Naciones Unidas. Véase también: Resolución 109 (1955) del Consejo de Seguridad. ↩
- De los once Estados que reconocieron al Gobierno republicano en el exilio, México y Yugoslavia fueron los dos últimos en mantener ese reconocimiento. Estudio sobre los reconocimientos diplomáticos — Dialnet. ↩
- México puso fin a sus relaciones con el Gobierno republicano en el exilio el 18 de marzo de 1977. El 28 de marzo de 1977, México y España establecieron oficialmente sus nuevas relaciones diplomáticas. Luisa Treviño Huerta, «Relaciones de México con España a los 40 años de su restablecimiento» — Secretaría de Relaciones Exteriores. Véase también: 40.º aniversario de las relaciones diplomáticas México-España — Gobierno de México. ↩
- Declaración de la Presidencia y del Gobierno de la República Española en Exilio, París, 21 de junio de 1977, firmada por José Maldonado y Fernando Valera. El fondo institucional figura oficialmente como activo hasta su extinción el 21 de junio de 1977. Archivo del Gobierno de la II República Española en el Exilio — Censo-Guía. Véase también la presentación del catálogo del Fondo de París: Isabel Balsinde, Catálogo sumario del Archivo del Gobierno de la II República en el exilio. ↩
- El Fondo de París representa aproximadamente 750 metros lineales de archivos, 834 legajos y 5.767 registros. Isabel Balsinde, Catálogo sumario del Archivo del Gobierno de la II República en el exilio. Fondo París (1945-1977). Véase también: Fundación Universitaria Española. ↩
- Sobre el estatuto de los Gobiernos en el exilio y los efectos jurídicos de su reconocimiento, véase Stefan Talmon, Recognition of Governments in International Law: With Particular Reference to Governments in Exile, Oxford, Clarendon Press. Oxford University Press. ↩