Servir y desaparecer
Los hombres del padrino, 1936-1959
«Si le dan España, se creerá su propietario y no dejará que nadie lo sustituya, ni durante la guerra ni después, hasta su muerte.»
Frase atribuida al general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional, a propósito de la elevación de Franco, septiembre de 1936.1
En esta investigación, la palabra mafia no es una calificación penal retrospectiva. Designa un método de poder: fidelidades personales, reparto de cargos, clientelas, protecciones, competencia entre familias y concentración del arbitraje en manos de un solo hombre. Desde este ángulo, una organización de poder quizá se reconozca menos por la manera en que trata a sus enemigos que por la forma en que trata a los suyos. El jefe no necesita iguales. Necesita obligados.
Y no está únicamente en la cima. Está en todas partes. Su fotografía adorna oficinas oficiales, escuelas y comercios. Su efigie circula muy pronto en la moneda, «Caudillo de España por la Gracia de Dios». Sus nombramientos se firman «en nombre del Caudillo». Y cuando se firme el Concordato, la Iglesia se comprometerá a rezar diariamente por España y por el Jefe del Estado.2 Se puede cambiar de ministro, de camisa e incluso de política económica. Lo que no cambia es el rostro colgado en la pared.
Alrededor de Francisco Franco gravitarán un hermano, un cuñado, falangistas de primera hora, militares, católicos y, después, juristas y economistas. Reciben ministerios, embajadas, parcelas de autoridad y, en ocasiones, una influencia inmensa. Nunca reciben el poder. Entre 1936 y 1959 casi todos los hombres del primer círculo cambian. Sería, sin embargo, falso contar esta historia como si no hubiera facciones. Las hay, se enfrentan y defienden sus intereses: falangistas, militares, monárquicos, tradicionalistas, católicos y, más tarde, tecnócratas. La pregunta interesante es otra: ¿por qué ninguna de esas familias consigue convertirse nunca en el poder?
Ahí aparece el mecanismo.
Un trinquete.
Deja subir a los hombres hasta el punto en que su poder sigue siendo compatible con el del jefe. Nunca gira en sentido contrario.
1936: el padrino empieza sirviéndose a sí mismo
El 29 de septiembre de 1936, la Junta de Defensa Nacional promulga el Decreto n.º 138. Conviene leer el vocabulario, porque es el de los propios sublevados. Franco es nombrado «Jefe del Gobierno del Estado Español». Todavía no se le designa formalmente «Jefe del Estado». Pero el artículo primero resuelve inmediatamente la cuestión: asumirá «todos los poderes del nuevo Estado».3 Todos. El mismo decreto lo nombra Generalísimo de las fuerzas nacionales y General Jefe de los Ejércitos de operaciones. El 1 de octubre, la investidura se celebra en Burgos.
La diferencia entre «Jefe del Gobierno del Estado» y «Jefe del Estado» puede parecer notarial. Lo parece mucho menos cuando se lee la línea siguiente. No se entregó a Franco una cartera. Se le entregaron todos los poderes.
Cabanellas ya lo había entendido y se lo había dicho a sus compañeros. La casa podía empezar a amueblarse. El propietario había entrado, y no pensaba salir nunca.
Nicolás Franco: el hermano colocado al lado y después colocado en otra parte
Durante los primeros meses, uno de los hombres más próximos al nuevo centro de poder es el hermano mayor, Nicolás Franco Bahamonde. Conviene ser preciso, porque la leyenda le atribuye a menudo un cargo que nunca tuvo. Nicolás no preside la Junta Técnica del Estado: esa presidencia corresponde al general Fidel Dávila. Nicolás es nombrado Secretario General del Jefe del Estado.4
La diferencia no es pequeña y sirve perfectamente a nuestro argumento. Nicolás no dirige una administración autónoma. Controla la secretaría por la que deben pasar todos los expedientes antes de llegar al jefe, de modo que Franco dirige de hecho la Junta sin presidirla. Su poder, considerable, no procede de una institución. Procede del padrino, y durará exactamente lo que el padrino quiera.
En 1938, Nicolás marcha a Lisboa como embajador. Permanecerá allí veinte años. Una embajada es un honor, Lisboa es una capital y el Portugal de Salazar un aliado esencial: todo eso es cierto. También lo es otra cosa. Su secretaría desaparece el 30 de enero de 1938, con la formación del primer Gobierno, justo cuando Serrano Suñer termina de sustituirlo como principal colaborador del Caudillo. El hermano no ha caído en desgracia. Sencillamente ha sido reemplazado en el centro por otro pariente y apartado de la capital. No siempre hace falta desgraciar a un hombre para alejarlo del poder. A veces basta con cubrirlo de honores a unos cientos de kilómetros.
Manuel Hedilla: un jefe de Falange de más
Abril de 1937 ofrece una demostración más brutal. Falange conserva todavía su propia dirección. Después de los enfrentamientos sangrientos de Salamanca de los días 16 y 17, Manuel Hedilla es elegido jefe nacional de Falange Española de las JONS el 18 de abril.5 Llega a la cima de su organización. Durará muy poco allí.
El 19 de abril, Franco promulga el Decreto de Unificación. Falange Española de las JONS y la Comunión Tradicionalista quedan fundidas en Falange Española Tradicionalista y de las JONS, bajo la jefatura única y suprema de Franco. Las demás organizaciones políticas del campo sublevado son disueltas. El preámbulo anuncia la «organización definitiva del Nuevo Estado totalitario».6
Hay que medir la cronología. El 18, Falange se da un jefe. El 19, Franco se da Falange. El 22, Hedilla se entera por la prensa de que le reservan un taburete en la Secretaría Política del nuevo partido y lo rechaza. El 25 es detenido junto con una treintena de falangistas. Será condenado a muerte, pena posteriormente conmutada. No hace falta sondear la psicología de Franco: la secuencia institucional basta. Una organización capaz de tener una cabeza propia es absorbida por un partido colocado bajo la dirección nacional de Franco, y el hombre que acaba de ser elegido jefe queda neutralizado.
El mensaje no necesita comentario.
Puede haber un partido único. No puede haber dos jefes.
Fernández Cuesta: la doctrina desciende desde la cima
A finales de 1937, Raimundo Fernández Cuesta ocupa la Secretaría General de FET y de las JONS. El trabajo de Mercedes Peñalba Sotorrío aclara la función del cargo: la secretaría no está concebida como un contrapoder frente al Jefe Nacional, sino como instrumento de transmisión y control del partido.7 Los servicios hacen subir la información hacia el padrino; las órdenes recorren el camino inverso.
Más revelador aún: Fernández Cuesta prohíbe a los responsables del partido desarrollar libremente su propia interpretación doctrinal. La doctrina no es un mercado donde puedan abrir varias tiendas. Tiene dueño. Resulta una singularidad deliciosa para un movimiento que se pretende revolucionario: incluso la revolución debe preguntar al patrón qué tiene derecho a pensar.
Fernández Cuesta permanecerá mucho tiempo en el aparato, lo que impide otra simplificación habitual. La secretaría no estuvo «vacante hasta 1951». Quedó vacante entre 1945 y 1948; Fernández Cuesta fue nombrado de nuevo secretario general el 5 de noviembre de 1948, aunque sin rango ministerial, rango que recuperaría en julio de 1951.8 En esta casa, hasta los títulos tienen jerarquía, y el padrino la regula al milímetro.
Serrano Suñer: el cuñado construye el Estado
Ramón Serrano Suñer juega en otra liga. Es familia. Cuñado de Franco por su matrimonio con la hermana de Carmen Polo, el cuñadísimo se convierte en ministro del Interior, después de la Gobernación, ministro de Asuntos Exteriores y presidente de la Junta Política de FET y de las JONS. No se limita a pertenecer al régimen. Lo fabrica.
La Ley de 30 de enero de 1938 sobre la Administración Central reconoce en su artículo 17 al jefe del Estado la «suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general».9 El Fuero del Trabajo de 9 de marzo define al Estado como «instrumento totalitario al servicio de la integridad patria».10 La Ley de Prensa de abril de 1938 confía al Estado la organización, vigilancia y control de la prensa, y su artículo 2 incluye expresamente la censura mientras no se disponga su supresión.11
A veces basta con dejar hablar a los textos. Administración, trabajo, prensa, propaganda: el poder ya no se limita a gobernar; organiza los mecanismos mediante los cuales una sociedad trabaja, se informa y habla. La propia ley señala al propietario de la pluma. Y esos textos oficiales emplean orgullosamente la palabra que algunos análisis posteriores tendrán tantas dificultades para mirar de frente.
Totalitario.
Serrano, Begoña y el arte de despedir a los dos bandos
Serrano acumula, sin embargo, un poder considerable y queda estrechamente asociado al acercamiento al Eje. A medida que cambia el curso de la guerra europea, esa identificación se vuelve costosa. Entonces llega Begoña.
El 16 de agosto de 1942, en Bilbao, a la salida de una ceremonia religiosa a la que asiste el general José Enrique Varela, ministro del Ejército, un falangista lanza una granada. El número de heridos varía mucho según las fuentes: Serrano hablará de una veintena; Varela y el embajador británico Samuel Hoare elevarán la cifra por encima de setenta.12 Sería, por tanto, imprudente imprimir «sesenta heridos» como si fuera un balance establecido. Lo que no ofrece duda es la crisis política. Varela y el general Valentín Galarza ven en el atentado una agresión falangista contra el Ejército y exigen sanciones.
El 3 de septiembre, Franco decide. Serrano Suñer abandona Asuntos Exteriores. Varela deja el Ministerio del Ejército. Galarza sale de Gobernación. He aquí un proceso curioso: el acusado y sus acusadores cruzan juntos la puerta.
El episodio se ha leído, con razón, dentro del reajuste diplomático de un régimen que empieza a notar hacia dónde sopla el viento. El mecanismo interior resulta igual de revelador. Ninguna facción convierte el asunto en una victoria definitiva sobre la otra. Falangistas y militares se han enfrentado; Franco se desprende de los representantes de ambos bandos.
Nadie gana el arbitraje. El árbitro, en cambio, conserva el silbato, el estadio y la caja.
Arrese: limpiar el partido para entregárselo al jefe
José Luis de Arrese asume la Secretaría General de FET y de las JONS en mayo de 1941. Su obra es menos espectacular que la de Serrano y quizá más reveladora. Reorganiza el aparato, disciplina a los cuadros, dota a los funcionarios del partido de un estatuto y conduce una depuración metódica. Mercedes Peñalba resume el resultado con una fórmula difícil de mejorar: Falange se había convertido en una organización «limpia, ordenada y entregada a Franco».7 Limpia, ordenada y entregada a Franco. Costaría encontrar una definición administrativa más perfecta de la fidelidad.
Arrese interviene también en la preparación de las Cortes creadas por la Ley de 17 de julio de 1942. Pero el texto no permite confundirlas con un parlamento soberano: la potestad normativa suprema continúa en manos de la Jefatura del Estado.13 El régimen se dota de instituciones representativas. Eso no significa que empiece a representar algo distinto del poder.
1943-1945: cuando la palabra «totalitario» empieza a molestar
Entonces sucede algo notable. A partir de 1943, a medida que se aleja la victoria alemana, el vocabulario franquista cambia. El régimen acentúa su catolicismo, su anticomunismo y su singularidad española. Arrese participa en la operación. En 1945 publica un libro destinado a distinguir el pensamiento de José Antonio del totalitarismo fascista.14
La cronología contiene aquí una ironía que el historiador no necesita fabricar. En 1937, el Decreto de Unificación habla del «Nuevo Estado totalitario». En 1938, el Fuero del Trabajo llama al Estado «instrumento totalitario». En 1945, cuando Berlín ya no es más que un campo de ruinas, explicar lo que «totalitario» quería decir de verdad se convierte de repente en una urgencia intelectual.
Las instituciones apenas se han movido.
El diccionario, en cambio, ya ha empezado a mudar de piel.
Arrese desaparece de la fotografía
El 20 de julio de 1945, Alberto Martín-Artajo se convierte en ministro de Asuntos Exteriores y Arrese abandona el Gobierno. Ese mismo día, la Secretaría General pierde su rango ministerial, dentro del esfuerzo por presentar ante los Aliados una influencia fascista en retroceso. No se desmonta, por tanto, el aparato; se reduce su visibilidad gubernamental. El partido único sigue en pie y Fernández Cuesta recuperará pronto la secretaría.
Sería excesivo afirmar que Franco despide a Arrese únicamente por ese motivo. El efecto político, sin embargo, es claro: la imagen exterior del régimen se catoliza mientras la maquinaria interior continúa funcionando como antes.
La tienda cambia de escaparate. Todavía no cambia de dueño, y mucho menos de retrato en la pared.
Martín-Artajo: hacer presentable la casa
Alberto Martín-Artajo procede de Acción Católica. Dirige Asuntos Exteriores entre 1945 y 1957. Con él se abre el ciclo diplomático decisivo. El Fuero de los Españoles de 17 de julio de 1945 proclama un conjunto de derechos, pero los encierra dentro de los principios del régimen: su artículo 33 impide que su ejercicio atente contra la unidad espiritual, nacional y social de España, y el artículo 35 permite suspender varios de ellos por decreto-ley.15 Son derechos reconocidos por el poder y condicionados por él, lo que no equivale exactamente a derechos oponibles al poder. La diferencia ocupa unos cuantos artículos. También ocupa toda una filosofía del Estado.
Después de la condena internacional de 1946, la Guerra Fría cambia las reglas. En 1953 se firman el Concordato con el Vaticano y los acuerdos con Estados Unidos; el 14 de diciembre de 1955, España ingresa en las Naciones Unidas.16 Martín-Artajo encarna ese ciclo. También aquí conviene evitar el atajo «misión cumplida, por tanto despedido»: el gran reajuste de febrero de 1957 responde a varias crisis. Puede afirmarse con mayor solidez otra cosa: cuando cede el puesto a Fernando María Castiella, la reintegración internacional perseguida desde 1945 está, en lo esencial, conseguida.
El régimen ya no necesita exactamente el mismo rostro.
Lo cambia.
Carrero Blanco: durar sin convertirse en un segundo Franco
Y después está Luis Carrero Blanco. En mayo de 1941 es nombrado subsecretario de la Presidencia del Gobierno y permanecerá en el corazón del dispositivo durante más de treinta años.17 Conviene evitar otra caricatura cómoda. Carrero no carece de ideas ni de ambición: pesará mucho en la institucionalización del régimen, en la cuestión sucesoria y en el ascenso de los técnicos.
Su singularidad está en otra parte. No construye una legitimidad rival de la de Franco. Acumula poder dentro de la fidelidad, no contra ella. Allí donde Serrano había levantado una potencia personal y Arrese intentará dotar al Movimiento de una capacidad propia, Carrero hace remontar todo su poder hacia la cúspide de la que procede. El sistema tolera a un hombre inmensamente poderoso con una condición: que nunca se convierta en una segunda fuente de soberanía.
Carrero lo entendió mejor que nadie.
Por eso no desaparece de la fotografía.
1956: Arrese vuelve y toca techo
La historia adquiere casi valor experimental cuando Arrese regresa a la Secretaría General en febrero de 1956, después de los graves incidentes universitarios. Esta vez quiere dejar una arquitectura. Sus proyectos de Leyes Fundamentales refuerzan considerablemente el Consejo Nacional del Movimiento: el Consejo podría proponer al secretario general y emitir un dictamen final vinculante sobre los proyectos de ley aprobados por las Cortes.18
Aquí cambia la naturaleza del problema. Disponer de un partido que transmite decisiones es una cosa. Crear un órgano capaz de pesar institucionalmente sobre su fabricación es otra. Las demás familias del régimen, monárquicos, tradicionalistas, católicos y sectores próximos a Carrero, se oponen. Los proyectos fracasan.
No hace falta imaginar a un Franco aterrorizado por la sombra de Arrese: basta con el resultado. El Movimiento no recibe el poder autónomo que dibujaban sus proyectos y Arrese es trasladado, en febrero de 1957, al flamante Ministerio de la Vivienda.19 La sanción, dentro del vocabulario de esta investigación, posee una sobriedad burocrática admirable. No lo encarcelan. No lo fusilan.
Le dan viviendas que construir.
No se le castiga por haber servido mal.
Se le castiga por haber querido contar después.
1957: una nueva familia entra en la casa
El reajuste del 25 de febrero de 1957 marca un giro. José Antonio Girón abandona el Gobierno, Arrese pasa a Vivienda y Castiella toma Asuntos Exteriores. Alberto Ullastres recibe Comercio, Mariano Navarro Rubio Hacienda. Alrededor de la Presidencia, Laureano López Rodó adquiere una importancia creciente. Una generación de juristas, economistas y altos funcionarios sustituye poco a poco a una parte del viejo personal falangista. Se los llamará «tecnócratas»; varios pertenecen al Opus Dei.20
La expresión «familia tecnocrática» exige prudencia: describe una red de afinidades y carreras, no un partido clandestino que recibe órdenes en una habitación secreta. Políticamente, sin embargo, algo se ha movido. La camisa azul ya no proporciona por sí sola todos los hombres imprescindibles; la competencia económica se convierte en capital político. Carrero pasa a ser uno de los principales protectores de esa generación.
La familia se amplía.
El retrato de la pared no cambia.
1958-1959: cuando la economía presenta la factura
El cambio de personal responde también a una realidad que la retórica ya no consigue esconder. A finales de 1958, las reservas de divisas están bajo mínimos y siguen cayendo; las importaciones se vuelven críticas.21 España ingresa en el Fondo Monetario Internacional y en el Banco Mundial el 15 de septiembre de 1958.22
El punto cronológico es capital porque la vulgata lo invierte. El Plan de Estabilización de 1959 no provoca la entrada en el FMI y el Banco Mundial. La entrada sucede antes. Después, las autoridades trabajan con el FMI y la Organización Europea de Cooperación Económica en la elaboración del programa. El 20 de julio de 1959, España se convierte en miembro de pleno derecho de la OECE; al día siguiente se promulga el Decreto-Ley 10/1959 de ordenación económica.23
Liberalización progresiva de importaciones, reorganización del mercado de cambios, apertura al exterior: no es un retoque. Es la admisión de que una gran parte de la política económica practicada hasta entonces debe abandonarse. El régimen que había pretendido modelar la economía según sus propios principios llama ahora a economistas para reparar aquello que esos principios habían encerrado.
El FMI no figuraba precisamente en los himnos de Falange. Terminó, sin embargo, entrando en la casa, y el retrato de la pared ni se inmutó.
El trinquete
La sucesión de estos hombres no puede reducirse a una galería de ministros. Revela un sistema. Las facciones existen, discuten, conspiran, obtienen ministerios, escriben leyes, imponen durante un tiempo su lenguaje y caen. Ninguna se convierte en el lugar definitivo del poder.
El hermano se marcha a Lisboa, el poder sigue en Franco. El jefe autónomo de Falange es neutralizado, el poder sigue en Franco. El cuñado que había contribuido a construirlo todo abandona el Gobierno, el poder sigue en Franco. El camarada que había limpiado el partido desaparece cuando la camisa azul empieza a resultar incómoda, el poder sigue en Franco. El diplomático católico acompaña la reintegración internacional y después cede su sitio, el poder sigue en Franco. Los economistas llegan cuando la autarquía presenta la factura, el poder sigue en Franco.
Y Carrero permanece, porque su inmensa influencia nunca se construye como una soberanía rival. No es, por tanto, la ausencia de familias lo que caracteriza al régimen. Es exactamente lo contrario. Pueden existir varias familias precisamente porque ninguna debe llegar a convertirse en la familia reinante. El árbitro mantiene la competencia. Los hombres suben, los hombres bajan, los uniformes cambian: las camisas azules se convierten en chaquetas católicas; las chaquetas católicas, en trajes de tecnócratas. También muda el vocabulario, y aquello que los textos de 1937 y 1938 proclamaban «totalitario» se convierte, después de 1945, en una palabra que hay que explicar, matizar o, mejor aún, olvidar. Hasta la economía termina cambiando.
Una sola cosa apenas cambia. La fotografía de la pared sigue siendo la misma, en las oficinas, las escuelas y los comercios. El nombre situado en la cúspide del organigrama sigue siendo el mismo. Y hasta 1973 para Carrero, hasta 1975 para todos los demás, el destino de la fidelidad no varía.
Cabanellas lo había anunciado en septiembre de 1936: se había creído propietario y no había dejado que nadie lo sustituyera.
Francisco Franco.
Notas y fuentes
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Frase atribuida al general Miguel Cabanellas, presidente de la Junta de Defensa Nacional, durante la elevación de Franco al mando único en septiembre de 1936. La recogen, entre otros, Antony Beevor, The Battle for Spain, y Bernat Muniesa, Dictadura y monarquía en España. De 1939 hasta la actualidad, Ariel, 1996. Debe presentarse como frase atribuida, no como cita literal establecida a partir de un original contemporáneo. ↩
-
Sobre la presencia del retrato y de la efigie de Franco en los espacios oficiales y la moneda, véase la historiografía sobre la construcción del culto al Caudillo. Para las oraciones diarias, el artículo VI del Concordato entre la Santa Sede y España de 27 de agosto de 1953 dispone expresamente que los sacerdotes españoles elevarán cada día preces «por España y por el Jefe del Estado». Consultar el Concordato. ↩
-
Decreto n.º 138 de 29 de septiembre de 1936, Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional de España, n.º 32, 30 de septiembre de 1936. El artículo primero nombra a Franco «Jefe del Gobierno del Estado Español» y establece que asumirá «todos los poderes del nuevo Estado». Consultar el boletín. ↩
-
La Ley de 1 de octubre de 1936 creó la Junta Técnica del Estado, presidida por el general Fidel Dávila, y la Secretaría General del Jefe del Estado. El Decreto n.º 12 nombró a Nicolás Franco secretario general. La secretaría desapareció con la formación del primer Gobierno el 30 de enero de 1938. BOE de 2 de octubre de 1936. ↩
-
Joan Maria Thomàs, El gran golpe. El «caso Hedilla», Barcelona, Debate, 2014; Stanley G. Payne, Fascism in Spain, 1923-1977, University of Wisconsin Press, 1999. Hedilla fue elegido jefe nacional de FE de las JONS el 18 de abril de 1937, rechazó el puesto subordinado que le reservaba la Junta Política de FET, fue detenido el día 25 y condenado a muerte; la pena fue posteriormente conmutada. ↩
-
Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937, BOE n.º 182, 20 de abril de 1937, pp. 1033-1034. Funde FE de las JONS y la Comunión Tradicionalista bajo la jefatura única de Franco y alude a la «organización definitiva del Nuevo Estado totalitario». Consultar el BOE. ↩
-
Mercedes Peñalba Sotorrío, «La Secretaría General del Movimiento como pilar estructural del primer franquismo, 1937-1945», en Miguel Ángel Ruiz Carnicer (coord.), Falange. Las culturas políticas del fascismo en la España de Franco (1936-1975), Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 2013, pp. 408-423. La fórmula «limpia, ordenada y entregada a Franco» resume el resultado de la puesta en disciplina de FET y de las JONS. ↩
-
La Secretaría General permaneció vacante entre julio de 1945 y 1948. Raimundo Fernández Cuesta fue nombrado de nuevo secretario general por Decreto de 5 de noviembre de 1948, publicado en el BOE del 24 de noviembre. No recuperó rango ministerial hasta julio de 1951. Consultar el decreto de 1948. ↩
-
Ley de 30 de enero de 1938 organizando la Administración Central del Estado, BOE n.º 467, 31 de enero de 1938, pp. 5514-5515, referencia BOE-A-1938-1406. El artículo 17 atribuye al jefe del Estado la «suprema potestad de dictar normas jurídicas de carácter general». Consultar el BOE. ↩
-
Fuero del Trabajo, Decreto de 9 de marzo de 1938, BOE n.º 505, 10 de marzo de 1938, pp. 6178-6181, referencia BOE-A-1938-3093. Define al Estado como «instrumento totalitario al servicio de la integridad patria». Consultar el BOE. ↩
-
Ley de Prensa de 22 de abril de 1938, rectificada en el BOE n.º 550 de 24 de abril de 1938, pp. 6938-6940, referencia BOE-A-1938-4796. Consultar el BOE. ↩
-
Antonio Marquina, «El atentado de Begoña», UNISCI Discussion Papers, n.º 36, octubre de 2014. Sobre la crisis política y la divergencia de cifras de heridos, véase el estudio completo. Consultar el artículo. ↩
-
Ley de 17 de julio de 1942 de creación de las Cortes Españolas, BOE n.º 200, 19 de julio de 1942, pp. 5301-5303, referencia BOE-A-1942-6528. Mercedes Peñalba identifica a Arrese como uno de los principales artífices del diseño político de esas Cortes. Consultar el BOE. ↩
-
José Luis de Arrese, El Estado totalitario en el pensamiento de José Antonio, Madrid, Ediciones de la Vicesecretaría de Educación Popular, 1945. Sobre la desfascistización discursiva de 1943-1945, véanse también Mercedes Peñalba Sotorrío y Joan Maria Thomàs, Postguerra y Falange. Arrese, ministro secretario general de FET y de las JONS (1941-1945), Debate, 2024. ↩
-
Fuero de los Españoles, 17 de julio de 1945, BOE n.º 199, 18 de julio de 1945, referencia BOE-A-1945-7244, especialmente artículos 33 y 35. Consultar el BOE. ↩
-
Concordato entre España y la Santa Sede, 27 de agosto de 1953; acuerdos hispano-estadounidenses firmados en Madrid el 26 de septiembre de 1953. España fue admitida en las Naciones Unidas por la Resolución 995 (X) de la Asamblea General, de 14 de diciembre de 1955. Concordato de 1953 · Resolución 995 (X). ↩
-
Luis Carrero Blanco fue nombrado subsecretario de la Presidencia del Gobierno en mayo de 1941. Un decreto de 30 de mayo de ese año, publicado en el BOE de 8 de junio, deja constancia expresa de que cesaba en otro cargo naval «por haber sido nombrado Subsecretario de la Presidencia del Gobierno». Consultar el BOE. ↩
-
Miguel Ángel Giménez Martínez, «El Consejo Nacional del Movimiento: la “cámara de las ideas” del franquismo», Investigaciones Históricas, n.º 35, 2015, pp. 271-298. El proyecto de Arrese de 1956 preveía, entre otros aspectos, que el Consejo Nacional pudiera proponer al secretario general y emitir un dictamen final vinculante sobre proyectos de ley aprobados por las Cortes. Véase también Ismael Saz, España contra España. Los nacionalismos franquistas, Marcial Pons, 2003. ↩
-
Decreto de 25 de febrero de 1957 por el que se nombra ministro de la Vivienda a José Luis de Arrese y Magra, BOE n.º 57, 26 de febrero de 1957, referencia BOE-A-1957-2830. Consultar el BOE. ↩
-
En febrero de 1957, Alberto Ullastres fue nombrado ministro de Comercio y Mariano Navarro Rubio ministro de Hacienda; Fernando María Castiella asumió Asuntos Exteriores. Sobre el papel político de la tecnocracia y de los miembros del Opus Dei, véanse Javier Tusell, Carrero. La eminencia gris del régimen de Franco, Temas de Hoy, 1993, y Daniel Gunnar Kressel, Hispanic Technocracy. From Fascism to Catholic Authoritarianism in Spain, Argentina, and Chile, 1945-1991, Cambridge University Press, 2025. ↩
-
El Banco Mundial resume que, a finales de 1958, las reservas españolas de divisas estaban «at a low ebb and still falling» y que se hacían necesarias medidas drásticas. El informe relaciona directamente esa situación con el programa de estabilización elaborado en cooperación con la OECE y el FMI. Consultar el documento del Banco Mundial. ↩
-
España se convirtió en miembro del Fondo Monetario Internacional el 15 de septiembre de 1958. El FMI mantiene esa fecha en su ficha oficial de España y en su documentación histórica de membresía. Ficha oficial de España en el FMI. ↩
-
España ingresó como miembro de pleno derecho de la OECE el 20 de julio de 1959. El Decreto-Ley 10/1959, de 21 de julio, de ordenación económica, fue publicado en el BOE n.º 174 del 22 de julio, pp. 10005-10007. Consultar el BOE. ↩